¿Por qué innovar? Una pregunta que gracias a las aportaciones de mis compañeros en la asignatura Innovación Docente e Iniciación a la Investigación Educativa en FOL, he afrontado de nuevo con más perspectiva y profundidad en el texto que sigue.
Innovar es un proceso de cambio que introduce novedades en un ámbito concreto. Implica que se generen elementos percibidos o experimentados por primera vez. La innovación docente concreta esta idea en el ámbito educativo y plantea así metodologías, recursos o enfoques nuevos en el proceso de aprendizaje-enseñanza. Por cabría preguntarse ¿para qué?
De hecho, en nuestras sociedades aceleradas del siglo XXI la palabra innovación forma parte del lenguaje habitual de múltiples sectores: empresarial, tecnológico, científico, ambiental, etc. Sin embargo, a menudo estas innovaciones no están alineadas con las necesidades sociales reales. La falta de reflexión, de sentido crítico y de memoria, así como la fuerte orientación hacia objetivos puramente económicos, pueden explicar una idea de innovación centrada en la forma pero vacía de contenido. Cabría preguntarse si la necesidad de novedades que promueve el mercado aporta mejoras reales y sustanciales.
Como señala Tarabini (2017) la idea de mejora, con justicia y equidad, es fundamental para poder hablar de innovación educativa: mejora para alumnos, docentes y familias. La innovación educativa debe ser, pues, sistémica y estructural pero a la vez aplicada y aplicable a las realidades de los centros educativos y a las transformaciones sociales que atraviesan el día a día de estos. No existiría innovación educativa sin afrontar las cuestiones problemáticas y los retos de toda la comunidad.
En este sentido me ha parecido muy interesante la reflexión de un compañero que propone revisar los conceptos” innovar” y “actualizar”. Si hemos dicho que innovar trae consigo el elemento nuevo, actualizar debe implicar necesariamente la revisión y adaptación de los conocimientos y metodologías a la realidad presente y eso implica, por supuesto, apertura a lo nuevo pero también reflexión crítica sobre las dinámicas que llevamos. Así, el trasfondo del debate entorno la innovación educativa debe preguntarse de forma sistemática y frecuente por las mejoras reales que aporta dicho proceso.
Vemos, por ejemplo que esta orientación se recoge en 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE, 2020),
(…) para cualquier persona la educación es el medio más adecuado para desarrollar al máximo sus capacidades, construir su personalidad, conformar su propia identidad y configurar su comprensión de la realidad […], para la sociedad es el medio más idóneo para transmitir y, al mismo tiempo, renovar la cultura […] y valores que la sustentan […], con el objetivo fundamental de lograr la necesaria cohesión social (p. 1).
Por todo ello, y volviendo al sentido primero de innovación educativa comprometida con la mejora de todos los actores implicados, toda la comunidad, creo que resulta fundamental desarrollar herramientas y prácticas que fomenten esa reflexión y sentido crítico señalados anteriormente. Que se hagan preguntas y se busquen soluciones a los retos y conflictos que afectan a la sociedad. Esa búsqueda de soluciones implica necesariamente la idea de innovación, en el sentido de cambio, pero también la de actualización, dando respuestas mas adecuadas. Implica crear y dar forma a las ideas que puedan dar luz a esos retos. Para ello, innovación avanza de la mano de la investigación. Fomentar actitudes, espacios y recursos para investigar en el proceso de ensañanza-aprendizaje puede ser clave para actualizar este proceso en compromiso con la mejora todos los actores implicados.
Me gustaría comentar una experiencia interesante en el ámbito de FOL desarrollada en 2012 en el marco del proyecto Empresa Joven Europea (EJE), en el que algunos institutos especializados en formación profesional proponían crear y gestionar mini-cooperativas al alumnado a lo largo del curso. La experiencia se inscribía en la metodología de aprendizaje por proyectos y el aprendizaje cooperativo. A lo largo del curso los alumnos afrontaban diferentes fases de trabajo: desde la creación de la imagen corporativa, hasta la disolución de la cooperativa, pasando por una fase de relaciones comerciales reales con proveedores y clientes (Solsona, 2012).
La iniciativa permitía abordar los contenidos de la asignatura Emprendedoría e Iniciativa Empresarial de forma práctica y aplicada, a la vez que activaba el trabajo por competencias, como el aprender a aprender, las competencias sociales y cívicas o la propia iniciativa y espíritu emprendedor. Me parece un buen ejemplo de innovación educativa ya que permite construir un entorno real, dinámico, significativo, práctico, participativo, transversal e integrador para el proceso de enseñanza-aprendizaje de los conocimientos del curso. Una de las posibles limitaciones que observo en el proyecto es que si la consecución de cada grupo en cada fase no es óptimo, el trabajo de la siguiente puede verse afectado, pues puede crear confusión y desmotivación entre el alumnado. Una posible forma de solucionar este contratiempo podría ser que en cada fase los alumnos puedan autoevaluar el trabajo realizado, junto a la retroalimentación del docente, que resulta clave para el éxito del proyecto.
Referencias bibliográficas
Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. Boletín Oficial del Estado, 30 de diciembre de 2020, núm. 340, 122868-122953.
Solsona J. (2012). Projecte EJE a l’Institut La Caparrella. Revista Sinergia.
Tababini, A. (10 enero, 2017). Innovación educativa: qué, por qué y cómo. El Diario de la Educación.
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